Vacca

2025: DRAMA

2025

En un artículo de José Luis Téllez –y hacemos referencia al que probablemente sea, fallecido Eugenio Trías, el mejor filósofo de la música que, felizmente activo, tenemos en este país-, significativamente titulado dicho texto “Estrategias del silencio”, leemos la siguiente observación: “El trabajo de la escucha obliga a imaginar una dimensión fantasmática que se hurta creando una tensión que, como un horizonte acústico, dirige eso que podíamos llamar la mirada auditiva”. Si bien la entera cita posee la suficiente densidad intelectual y conceptual para leerla desde diferentes enfoques discursivos es la última frase, “la mirada auditiva”, la que apropiándome de ella me permite “replicarla” (en su sentido teatral) para intentar una dialéctica –compositiva, bien visto y oído- con DRAMA, la instalación de Vicens Vacca con motivo de su presentación en el Centre de Lectura de Reus.

Podemos entender (o interpretar) DRAMA como la puesta escena -¿qué es una instalación sino la dirección artística en un espacio concreto de una determinada obsesión creativa y estética?- de uno de los más bellos misterios de toda la música occidental: el hermoso e inquietante Acorde de Tristán que se escucha en el prólogo de la ópera de Richard Wagner Tristán e Isolda. En concreto pertenece al movimiento “langsam und schmachtend”, es decir que el compositor deseaba que se interpretara y escuchara “lento y languideciendo”. En referencia a este acorde el mismo Vacca lo interpreta en función de la puesta en escena por él ideada para DRAMA, es decir: “a la manera de un bucle acústico que se atreve a suspender el tiempo real”, citando las palabras del artista.

La música es ciertamente, y aunque no lo parezca, un modo de escuchar el silencio, pero ese silencio es, paradójicamente, el lenguaje del que está hecha la música, y que no sería otro que la estructura con que se emiten pensamientos por medio de los sonidos. Yo diría que DRAMA es la puesta en escena plástica de una realidad intelectual y sobre todo cultural muy concreta -la potencia expresiva de Tristán e Isolda, conviene no olvidarlo, va mucho más allá de un simple “drama musical”-, y esa dirección artística que Vacca realiza es, por encima de cualquier otra consideración, una escritura de signos sonoros sobrepuesta al tiempo que a sí mismo se suspende en un acorde que queda sin resolver y como flotando. De ahí que en la puesta en escena de DRAMA (y la referencia visual que manejo no es la actual del Centre de Lectura sino de la realizada en Lleida) nos encontremos con la atonalidad de unas sillas (algunas caídas) que parece que han perdido el ordenamiento natural de su propia función, como si renegaran de la melodía que las hace comprensible y funcionales; pero también con los cinematográficos focos que iluminan con espectral blancura una escena que es tan sobrenatural como el amor que se profesan Tristán e Isolda; al igual que también nos llama la atención las fotografías de Wagner tiradas por el suelo junto a un grupo considerable de hojas escritas como si se tratara de una rara partitura únicamente comprensible para dos artistas: Wagner y Vacca. Por eso DRAMA se me aparece como un pentagrama de posibles formas y sonidos, de coloraciones diversas y dinámicas impetuosas, de contrastes sonoros y visuales, de innegable hechizo y seducción. ¿Acabamos de describir lo que ahora estamos contemplando? Naturalmente, pero en no menor medida también hemos descrito (admito que con absoluto fracaso) ese imposible Acorde de Tristán de única e imperfecta belleza.

Resulta muy interesante saber que en una larga conversación sobre Tristán entre un sobresaliente director de orquesta, Daniel Barenboim, y un brillante director de escena ya fallecido, Patrice Chéreau, ambos optaran por titular esa conversación como Diálogos sobre música y teatro. Pues bien, en un momento del encuentro (se desarrolló a lo largo de varios meses) Barenboim nos dice que “El preludio (donde escuchamos por primera vez el Acorde) no es una introducción; al contrario, en él está todo. En cierto sentido es como el núcleo, como el germen de toda la ópera”. Quiero pensar que Vacca al idear la teatral puesta en escena de DRAMA también era más o menos consciente de que el Acorde es el elemento sonoro que estructura toda la ópera. Y si así lo creo es por el muy sofisticado rasgo que bien pudiera definir toda la instalación: la mirada auditiva, ya citada al inicio de este escrito, que establece un diálogo de contrastes entre el hecho plástico y el hecho sonoro, los dos principales argumentos presentes en DRAMA. Pero igualmente podríamos asumir que estamos contemplando una elipsis barroca (estática) y una forma sonora suspendida en el tiempo; o una expresión plenamente artística junto a una obsesión musical y mental; o una acción fijada en el espacio que acompaña a una interpretación que se pierde en el tiempo… Como todas las obras que han sido creadas desde la más pura honestidad artística DRAMA puede ser leída desde muchos ángulos y registros, sin olvidar una cualidad que aún no hemos mencionado: es una noble ofrenda de amor por parte de Vacca hacia el compositor que fue capaz de crear el Acorde de Tristán.

Luis Francisco Pérez
Madrid, noviembre 2020