2022
Trinta Arte Contemporánea
En el año 2017 Vicens Vacca le propuso a Asunta de TRINTA una exposición que consistía principalmente en “nada”.
La cosa requería de la grabación del sonido de la inauguración de una exposición del programa normal establecido por la galería, y de su posterior emisión en la galería vacía, durante el mismo lapso de tiempo, en una fecha posterior a determinar.
La grabación se efectuó el día 25/04/19 desde las 17:45 hasta las 21:50 en la exposición de Los Bravú “Fe y afición», en una grabación de alta calidad realizada por el técnico de sonido Marcos Flórez.
El origen de la pieza proviene de un proyecto de 1990 no realizado que figura en el catálogo “Entre la destreza y el desastre” (2010), pág. 288. Editado por el Museu de Granollers.
Ahora, después de la pandemia, y antes de cualquier futuro desastre próximo, TRINTA ha considerado que era el momento de mostrar esta rara pieza, que usa los restos acústicos de otros, y que después del tiempo transcurrido, presiona, en opinión de Vacca, contra los límites de lo aceptado o aceptable de manera reflexiva y fantasmal.
Tiempo que ofrece generosamente TRINTA.
En ocasión de la exposición Juan de Nieves escribió el texto que adjuntamos:
EXTINCIÓN
Vacca
20 al 27 de Octubre
Galería Trinta, Santiago de Compostela
El espacio vacío, que no es tal: ni por su constitución arquitectural -que ha sido diseñada para ser intervenida en todos sus planos- ni por las capas sucesivas de artefactos que se depositan en su memoria pero que también se almacenan en los espacios mentales de las audiencias cuando penetran en él (espacio). Los artefactos del arte se organizan y distribuyen desde su condición casi inevitable de materialidad, y desde ahí se adhieren a los espacios “vacíos”, predeterminados para esta ocupación constante y exhaustiva.
El asunto de la fisicidad del arte en relación a los espacios “llenables”, una relación de dependencia mutua pero desigual. Todo es materialidad en la producción artística, también el sonido -la música, el ruido o la voz- y desde luego todo el repertorio de formalizaciones que emanan del cuerpo: esa materialidad extrema. Insistimos, una lista extensa de cosas, productos, artefactos, objetos, superficies, imágenes espectrales, cuerpos actuantes, documentos situados, atmósferas evanescentes, organismos en mutación, gestos -también- en, sobre y para el espacio (ese lugar dudosamente neutral al que aludíamos al principio y que se define por su capacidad adaptativa, resiliente).
Los objetos del arte son, siempre, demandantes de atención, exigen ser interpretados y a menudo esperan respuestas y exégesis certeras. Canalizan la construcción del relato y ansían ser entendidos en los espacios de la representación institucional. Todo está en orden bajo esta convención a no ser que hablemos de otra “cosa”; tal fue el caso de las operaciones de crítica institucional o de las formulaciones arte = vida, ambos asuntos ya viejos, que no obsoletos. En su viaje a Latinoamérica del año 76, y en concreto en la ciudad de Montevideo, Valcárcel Medina -artista de la fuga- se preguntaba sobre “el porcentaje de arte que debe (o puede) tener (o tiene) la vida y el porcentaje de vida que debe (o puede) tener (o tiene) el arte”. Una pregunta que nos sirve hoy para interpelarnos (aunque no responderemos) sobre la idea (cosa) de Vacca: Extinción.
Desde lo apocalíptico del término -y que cada cual se sitúe donde le plazca: bien en la naciente esfera post-covid o bien en la negación del objeto artístico y su voracidad discursiva- Vacca dispara una bala en el espacio desprovisto de artefactos, tan solo la materialidad del sonido nos proporciona ese tenue tanto por ciento de arte que los acontecimientos y las cosas tienen. ¿Hemos de escuchar atentamente los murmullos, las voces cada vez más elevadas, el jolgorio? ¿O por el contrario desatender esa banda sonora pretérita para situarnos y representarnos como una nueva capa social, actuante?
Así es, nada más.






